¿Qué es un redigrama, y por qué debería sustituir al organigrama?
¿Qué es un redigrama, y por qué debería sustituir al organigrama?
0. Resumen conceptual
El organigrama es una herramienta cómoda que nunca dice la verdad de lo que representa, salvo cuando apunta a que una persona está por debajo, a la par o por encima de otra persona. Digamos que el organigrama tiene un vicio capital: es autoritario en su formulación, piramidal en su puesta en operación, y su diseño obedece a una concepción verticalista del orden.
El concepto de redigrama surge como una respuesta a la rigidez y al autoritarismo implícito en la jerarquía piramidal tradicional. Mientras que el organigrama clásico es una estructura que privilegia relaciones del tipo «quién ordena sobre quién, quién se reporta a quién o qué puesto está sobre otro puesto», el redigrama se concibe como una cartografía de flujos, compromisos y responsabilidades compartidas (quién coordina con quién y para qué).
1. Definición del redigrama
Las estructuras organizacionales jerárquicas heredaron de la sociedad una imagen visual inmediata de su arquitectura: el organigrama. Ese paradigma no ha entrado en crisis profunda todavía, pero es de esperarse que pronto lo haga. Un paradigma entra en crisis cuando surgen preguntas que, desde su interior, no se pueden responder sin romper la lógica interna del mismo, como por ejemplo esta:
Si la limpieza de un hospital falla durante 48 horas, la higiene colapsa, las infecciones intrahospitalarias se multiplican y la gente muere. En cambio, si la cúpula directiva se ausenta esas mismas 48 horas, la atención médica continúa su acostumbrado ritmo. Que el pilar del que depende la vida de todo el sistema ocupe el peldaño más bajo de la escala organizativa no es un problema de gestión, sino la prueba irrefutable de que el organigrama no organiza el valor; organiza el privilegio.

El redigrama, en cambio, es una forma de representación visual y conceptual de la organización en la que, en lugar de relaciones de poder que se manifiestan como línea de mando entre personas, conviven redes de ideas, compromisos y objetivos que se vinculan de manera «situada», es decir, en un contexto determinado y en función de los roles requeridos para cumplir con los objetivos institucionales.
Lo propio de un redigrama es la interconexión entre los distintos roles que configuran el desempeño de una entidad. Se trata de redes de comunicación, equipos de trabajo enfocados en lo que hay que lograr, no en lo que hay que hacer. Los roles mismos pueden intercambiarse y rotarse en función de las distintas fases de progreso en el cumplimiento del propósito que se persigue.
En la dinámica de un redigrama no se diseñan puestos como escalones de poder determinados por la posición (cercanía o lejanía del estamento más elevado), el salario o la influencia. Tampoco priman las relaciones de subordinación. Aquí se resaltan los compromisos, los roles, flujos de valor, pactos de reciprocidad y áreas de responsabilidad (rendición de cuentas). En el redigrama el centro alrededor del cual circulan las operaciones diarias de los agentes organizacionales (colaboradores) es el propósito general de la empresa o del grupo. Esto quiere decir que, en lugar de un centro de poder, el redigrama tiene, en su eje de articulación, la misión y los objetivos institucionales. Y en su ruta hacia el logro de los objetivos estratégicos, la estructura organizacional se mueve (evoluciona) según las necesidades concretas encontradas en el camino.
2. Principio de autonomía responsable
El redigrama opera desde un principio que vamos a denominar «autonomía responsable». Es la exigencia que cada integrante del equipo se hace a sí mismo para acordar, asumir, gestionar y ejecutar sus compromisos bajo criterios profesionales probados, dando cuenta transparente de su desempeño. Todo eso sin la necesidad de un supervisor a tiempo completo sobre sus acciones. La capacidad de asumir responsabilidad por el desempeño dentro de un marco de profesionalidad, calidad y libertad en la toma de decisiones constituye la condición primigenia de la “autonomía responsable”.
En la era del conocimiento, una época en la que muchas decisiones vendrán dadas por el manejo de la big data, por algoritmos y cruces de variables, los días del organigrama están contados.
